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Entre 1825 y 1833, el Sabio Valle escribió una serie de artículos referentes a su conocimiento enciclopédico cuyos fundamentos fueron aplicados para la transformación política y económica de su inmediata realidad social y que posteriormente configuró la utopía que formaba parte de la cosmovisión filosófica de la época.
Su artículo “La libertad de imprenta” fue excepcionalmente claro y concebido para una sociedad del futuro donde la democracia participativa fuese el verdadero nudo gordiano de una universalidad cuyo cuerpo político representara el mayor alcance de la libertad, que es la capacidad de pensar y expresarse sin restricciones de ninguna naturaleza.
La imprenta (léase la libertad de expresión) constituye, según el Sabio epónimo, el sentido universal del aparato político, cuya sensibilidad y concreción implican la posibilidad de engañarse o errar una persona y, por extensión de una entidad o una cosa abstracta. La falibilidad de la justicia. La falibilidad de los juicios humanos. La falibilidad de la expresión del pensamiento humano.
La expresión humana del pensamiento es falible y el Estado está en íntima conexión con su realización.
La libertad entonces, prosigue el Cholutecano universal, desenmascara las tiranías porque ellas por sí mismas constituyen la vigilancia del cumplimiento del derecho humano a la expresión sin cortapisa.
Dice don José Cecilio del Valle (al oído del dictador y del presidente del Colegio de Periodistas de Honduras): “El primer peligro público no es siempre la tiranía?...pero antes de consolidarse la Ley Fundamental, una ambición desordenada, una audacia feliz pueden fácilmente saltar aquellos límites”
No escucharán estas palabras vallistas, precisamente los protagonistas de la actual dictadura, ciertos escritores y periodistas voceros de la presente satrapía, porque son el sustento político ideológico del gobernante que nos dirige con la habilidad del hombre sagaz, que sabe mandar con astucia y que gobierna despóticamente, esto es, con autoridad absoluta no limitada por las leyes y con abuso de superioridad, de poder o de fuerza en el trato con las demás personas.
Es la palabra de Valle tan certera y aplicada a esta dictadura oprobiosa que la sola reflexión pareciera que hubiese sido escrita contra nuestro actual tirano. Oigámoslo:
“Cuando el cuerpo legislativo o el gobierno prohíben o restringen la libertad de imprenta (léase siempre libertad de expresión), la prohibición o restricción solo es relativa a los ciudadanos. Los poderes legislativo y ejecutivo conservan aquella libertad; y si llegara a atacar los derechos del pueblo ¿Qué voz se levantaría en tal caso para reclamarlos?...¿Cómo se ha conservado la tiranía en todos los tiempos, en todos los pueblos? Por la esclavitud de la imprenta.”
La esclavitud de la expresión es a lo que se refiere Valle, una esclavitud producto de una dictadura.
Uno de los argumentos que ocupó el grupo militar, político, empresarial y periodístico, es la presunción sobre que el Presidente Zelaya deseaba perpetuarse en el poder, pero, su verdadero miedo consistió en el triunfo electoral de la cuarta urna para reformular la actual Constitución. Todos los grupos de poder fácticos y mediáticos nacionales e imperiales, pusieron barbas en remojo, y decidieron entonces inventarle al primer ciudadano una cantidad de delitos como el de haber violado la Constitución, falacia que la historia se encargará de desvirtuar.
La lógica argumental nos dice que una de las falacias que se ocupan para persuadir a los incautos, o público monopolizado, es la cuesta resbalosa o la cuña.
La cuña consiste en esgrimir un argumento que de A lleve a B, y de B lleve a C, y así sucesivamente hasta llegar a D, cuyo enunciado es indeseable.
El sabio Valle define esa lógica del siguiente modo: “La presunción sola ¿Será bastante para condenar? No basta haber sido ocasión del delito, es preciso haber sido causa de él. Yo tengo una vela en las manos y la destino a alumbrar. Si otro se quema con ellas, ¿Me creería autor del incendio?”.
Pues bien, el argumento golpista consistió en manifestar una y mil veces que Zelaya Rosales quería retener el poder como Chávez o Fidel Castro, que vendría el comunismo y que los niños serían devorados, arrebatados a sus madres y que los medios de comunicación serían nacionalizados, etc.
Así el argumento A, llevaba a B, este conducía a C y por último terminaría en D, lo cual era indeseable, no permitido, ya que caería nuestro gobierno en manos del comandante Chávez.
Por eso concluye Valle en contra de Micheletti: “En breve se exigirá para todo lo que haga el gobierno un respeto supersticioso; un decreto, una proclama, serían actos de fe o dogmas ante los cuales debería arrodillarse la razón”.
Pero su contundencia contra el tirano sigue desarrollándose al manifestar: “Tú has decretado una ley injusta, yo las he criticado, otro la ha obedecido. ¿Quién es causa de desobediencia? ¿Tù, que has hecho la ley injusta, o yo, que he criticado tu injusticia? ¿Crees digno de cadenas al escritor enérgico que censura lo injusto? ¿Y tú que eres autor de la injusticia, ¿Cuál es el infierno que mereces?
Llamas desorganizadores políticos, denominas perturbadores del orden a los hombres justos que reclaman el cumplimiento de las leyes divinas, o humanas, eclesiásticas y civiles, y tú que las desprecias o has hollado, cuál es el nombre que debes tener?”.
Y es que Valle sabía, en su condición de profeta, que las dictaduras devendrían a lo largo de los siglos hacia el futuro.
Por eso conmina a Micheletti, Carías, Oswaldo López, Juan Alberto Melgar y demás golpistas dictadorzuelos, de antaño y hogaño, los acicatea para que sepan que la libertad es un derecho humano que debe respetarse por encima de cualquier circunstancia política, que no existe una razón arrodillada ante el desmán de la fuerza militar y civil.
Valle está claro en que “La libertad de imprenta (siga leyendo libertad de expresión) es la base grande de todas las libertades”, ello implica entonces que una dictadura deleznable cuando cercena las libertades del pensamiento se convierte en el Estado salvaje, opresor que desprecia al pueblo, lo humilla, y lo mata.
Así que el Sabio nos insta a desobedecer la ley injusta y volcar sobre el tirano el infierno que le corresponde.
Por eso, se pregunta y responde con respecto a la dictadura: “¿Cómo se ha destruido la tiranía? Por la libertad de imprenta”. Lo cual es lo mismo expresar que la libertad de pensamiento, de expresión, derrotan las satrapías.
Este pensamiento Vallista nos muestra el camino de la liberación, construir pensamiento libre y producir la acción que sea concomitante con tales ideas.
La patria necesita siempre más y más reflexión y estrategias revolucionarias ciudadanas capaces de transformar nuestra historia y forjar nuestro destino libre, autónomo, pleno de dignidad humana.
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